UNA VIDA CON DEPENDENCIAS 1


Creo interesante en primer lugar aclarar que entendemos por la palabra dependencia, ya que tiene múltiples acepciones; si miramos un manual diagnóstico de psicología y psiquiatría encontramos las palabras dependencia y dependiente varias veces (síndrome de dependencia, trastorno dependiente de la personalidad…). En el diccionario de la Real Academia Española aparecen nueve entradas cuando se busca la palabra dependencia. De estas nueve, me gustaría hace especial hincapié en la última ya que define la palabra dependencia desde el ámbito médico y psicológico, como una “necesidad compulsiva de alguna sustancia, como alcohol, tabaco o drogas, para experimentar sus efectos o calmar malestar producido por su privación”. Quisiera añadir a esta definición algunos tipos de dependencia que no se relacionan con el consumo de sustancias, como la dependencia al juego, a Internet o al sexo, entre otras. Sin embargo, sólo me centraré en las primeras (dependencia a sustancias).

Existen muchas personas cuya dependencia es tal que el objeto de su dependencia se convierte en el centro de su vida, con las consecuencias tan devastadoras a nivel familiar, laboral, personal (de las que hablaré en otra ocasión) y sanitario, por no hablar de las alteraciones orgánicas que pueden causar una dependencia, alteraciones que describiré más detalladamente.

Las adicciones (término que utilizaré a partir de ahora para referirme a la dependencia a sustancias) pueden causar trastornos en diferentes órganos del cuerpo. Uno de estos órganos es el cerebro; se producen alteraciones no sólo a nivel estructural sino también a nivel funcional. Las sustancias adictivas causan alteraciones en el funcionamiento del cerebro, implicadas en la falta de voluntad e impulsividad de las personas dependientes. Además, tiene fuertes implicaciones en las funciones cognitivas tales como atención, concentración, memoria (recuerdo de la información), procesamiento de la información, coordinación viso–motora, capacidad de aprendizaje y funciones ejecutivas (planificación, solución de problemas, capacidad de iniciación, razonamiento…); más aún estas alteraciones funcionales de las que estamos hablando pueden ser en parte las responsables de que una persona persevere en una conducta de riesgo como es el consumo de sustancias. Más concretamente, se ha sugerido alguna vez la posibilidad de que una persona adicta tenga alteraciones cerebrales preexistentes que predispongan a la persona a consumir dichas sustancias. No se debe olvidar tampoco que algunas de estas alteraciones estructurales son las responsables de la sintomatología depresiva y ansiosa que tiene estas personas.

No es mi intención extenderme más; tan sólo quería exponer un breve visión de las consecuencias que las sustancias adictivas tiene sobre nuestro organismo. Espero haber aclarado algunas cuestiones a nuestros lectores.

 

Madrid a 10 de Septiembre de 2013

Ángela OSUNA

Doctora en Psicología

 


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