CUANDO LA DIVERSIÓN SE CONVIERTE EN TRAGEDIA


 

Son varias las ocasiones en las que escuchamos o leemos que una actividad en principio divertida, se acaba convirtiendo en una situación dramática para la víctima de la tragedia, para la familia  o para ambos.

 

Hace días leí en un periódico que un niño de diez años había desaparecido durante tres días, hasta que la madre de un amigo suyo lo llevó  de regreso a su casa. Para el lector que desconozca esta noticia la resumiré brevemente: un niño de diez años miente a sus padres y va a casa de un amigo (en teoría se dirigía a casa de su abuela) donde se queda tres días jugando con éste a los videojuegos.

 

¿Con qué tipo de horror viven los padres de un niño la desaparición de su hijo?; preocupación, falta de apetito, angustia, ansiedad, alteración del sueño, falta de concentración, son algunos de los efectos que una noticia de éstas puede causar en unos padres.

 

¿Qué lleva a un niño de diez años a mentir a sus padres de esa manera?. La típica respuesta “para que mamá me deje ir” no es válida en este caso. El problema al que nos enfrentamos en este caso no se reduce a los que algunas personas podrían calificar de mentirijillas “para que mamá no me regañe”.

 

El problema aquí es más grave.  Se trata de una adicción al juego que puede llegar a ser (si no lo es ya) un problema muy grave de cara a la vida de este niño.  Existen casos muy graves de juego patológico como el de un niño que drogó a sus padres para poder jugar durante más tiempo, o el de un adulto que falleció tras jugar cuarenta horas de modo in-interrumpido; pero sin llegar a estos extremos, la adicción al juego tiene importantes consecuencias para la persona y para su entorno escolar, laboral, familiar y social.

 

Madrid a 11 de Febrero de 2013

Ángela Osuna.

Psicóloga y neuropsicóloga.

 

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